lunes, 29 de septiembre de 2008

Fragilidad.

Cuando todo está tranquilo, cuando los recuerdos de una persona son vividos en pláticas cotidianas, uno puede respirar el aroma de esa persona, tener presente sus gestos, su alegría, sus miradas, el color de sus ojos y el tono de su voz.

Todo estaba presente para mí y para mi madre el sábado que platicamos de la señora Yoya.....

En la madrugada del domingo, el teléfono sonó y mi madre contestó, era mi hermana.

Yo estaba acostado en mi cama, con cansancio de tanto viaje, y escuchaba detenidamente bajo las sábanas, con el extraño presentimiento de que algo malo había pasado.

Escuchaba las exclamaciones de mi mamá y solamente presuponía quién habría fallecido y porque.

Nunca, ni por razón deductiva se me apareció en la mente la señora Yoya.

Mi mamá la colgar y con su rostro triste me comentó que la señora Yoya acababa de morir en un extraño accidente vial.
No profundizamos en ese tema, ya que no sabíamos mucho mas de lo que mi hermana pudo saber por un tercero.

En la mente, se me vino a la memoria la señora como la vi en la última vez en una reunión familiar.
En donde habíamos pasado un domingo agradable, después de que yo había corrido una carrera de 10 kms. y posteriormente le había regalado a su nieto una playera de las chivas original, la cual siempre fue referencia de su recuerdo de mí con mis papas al comentarle que su nieto no se la quitaba ni para ir a dormir.

El transcurrir del domingo, fue lento y parsimonioso con mi madre, mi padre y mi hermana se trasladaron a Poza Rica y nosotros solamente hablamos quedo.

Para tratar de estar serenos nos fuimos a comer y luego a ver una película, creo que nunca había ido al cine con mi mamá solos.
Vimos la película de Arráncame la Vida, pero solamente la veía con los ojos porque la señora Yoya estaba enfrente de mí.

Percibí y sentí a lo lejos el dolor de su esposo, para quién ella era una diosa, y el dolor de sus hijas y su hijo, de sus nietos y yernos, de sus amigos y de toda la comunidad.

La señora era una DAMA, cuya bondad siempre estaba presente y su servicialidad era generosa cada vez que alguien iba a la casa que tienen en la playa y en donde desafortunadamente fue el accidente.

Hoy por la tarde ya en Puebla, después de comer me fui al zócalo en donde me fume un puro y después me fui a misa en la Catedral.

Solamente para estar en paz, para calmar a la mente, para que presencia de la señora Yoya se disipe lentamente.

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