martes, 12 de junio de 2007

Hay vienen las lluvias.

Y no has impermeabilizado desde hace dos años.

Siempre el tiempo te gana y luego tienes que estar con vasos, palanganas, cubetas y trapeadores en toda la casa porque ya parece barco.

En el vestidor tienes que sacar la ropa y ponerla en el cuarto de visitas porque literalmente llueve adentro.

¿Que va a pasar cuando empiece a gotear el cuarto de visitas?

Ayer escuché un ligero, plip, plip, plip.

Ese lirio crece y un jardín bizarro se aparece.

Caracoles, gusanos, arañitas deambulan por ese vestidor.

Y ese holor a musgo con humedad le dan un sello tan especial.

Hay veces que me estoy peinando enfrente del espejo y voy capoteando las gotas que caen ya que están bien frías.

Y cuando me caen en la espalda me dan escalofríos.

Tengo que aguantarme la respiración porque huele el musgo como a invernadero, así es, mi vestidor es un invernadero.

Es como el bosque de un cuento de hadas.

El closet ya lleva pegado mucho tiempo y voy a tener que abrir los cajones con una barreta porque ya están sellados además habrá que barnizarlo completo.

Al menos ya demuestro cierta preocupación, porque antes me valía literalmente sorbete.

Nunca me había tenido que peinar y rasurar bajo un paraguas.

Y los charcos en mi recámara parecen pequeños lagos.

El agua baja por la pared como una cascada.

Me dan ganas de poner barquitos de papel.

Un charquito por aquí, otro por allá.

Un saltito por aquí y otro por allá.

Cuando presiono el apagador del cuarto me da un toquecito.

Como los toquecitos en la plaza Garibaldi.

Y me dan calambritos.

Todo es muy bonito.

En mi bosquecito.

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