lunes, 27 de septiembre de 2010

Caballo.

Nunca he probado caballo (heroína) ni lo probaré.
Ni en su presentación sólida o diluida en fuego en una cuchara y después inyectada en el brazo.
Siempre he visto el deterioro de las gentes que tomaron esa droga, ya que se chupan y se vuelven como calacas vivientes, con los brazos todos venosos y con lo huesos casi salidos.
La relación con estas personas se basa particularmente en los períodos en los que conviví en la universidad con amigos que tenían tendencias artísticas.
Se volvían tan dependientes de la droga que sus períodos colocados eran de dos o tres días, en donde yacían acostados en una cama dormidos en un sueño muy profundo.
Luego venían los períodos de aparente normalidad los cuales se volvían cada vez cortos y luego otra vez la necesidad de buscar la droga.
Una comida tal vez dos en lapsos de cinco días, comida chatarra y en algunos casos comida descompuesta.
Con apenas fuerza para ir al baño, todos sucios y llagados con desechos fecales en su ropa.

Algo que nunca he entendido es la necesidad de usar las drogas duras como la heroína o el crack y ahora el cristal tan de moda en los jóvenes de los barrios bajos.

No entiendo esa necesidad de volarse la tapa de los sesos y vivir como una piltrafa humana.

Inclusive el uso de la cocaína o el alcohol son materias de primaria para este tipo de drogas.

La marihuana podría ser para niños de preprimaria en comparación del caballo.

Del resultado de estos procesos perdí un amigo completamente desquiciado y loco con alucinaciones espantosas ya al final de sus días.

Algo que solo de recordarlo me da mucho miedo.

1 comentario:

Jo dijo...

me traslade a trainspotting
y las canciones de iggy Pop