miércoles, 25 de febrero de 2015

Guerras intestinas....

Las que se dan entre hermanos, tíos, primos.
Las familiares.

Pasados discriminatorios con los que fueron diferentes, los "raros", los que no tuvieron familia, los homosexuales, las solteronas.

El dinero, el dinero usurpado, robado, escondido, el que se quedó con todo y dejó a los demás sin nada.

Las propiedades, la tierra, el usufructo vitalicio de las madres robado por los hijos y a su vez despedazados los frutos de toda una vida por las peleas intestinas de unos contra otros.

De la hermana menor con el hermano mayor contra los demás,
de los demás contra el tío paterno,
de todas las mezclas posibles, de la relación de conjuntos más complicada e inverosímil se desencadenan las historias mas grotescas por tres pesos, por mil pesos, por un millón....

La naturaleza humana hace que nos detestemos, que seamos hipócritas, que deseemos todo a costa de todo inclusive del apellido.

Cuna de lobos despiadada, hienas con hambre eterna, por el despojo, por el robo, por la usurpación.

Vieja historia donde la envidia es una espada punzocortante que mata los corazones de los mas nobles, de los mas ingenuos, de los distaídos, de los que confiaron, de los diferentes.

Juego culposo, de culpas, de esquizofrenia, de encierro, de orines en la sábana, de orines en el clóset, territorio marcado por el que es mas fuerte, por el que se lo llevará todo.

Guerras intestinas, sumergidos estamos en ellas, divididos, ensangrentados, muertos al fin.

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